Más sobre la Terapia Ydnelía

¿Por qué necesitamos ayuda?

 Ante circunstancias de la vida que nos hacen sufrir, respondemos a ellas con las mismas estructuras mentales de siempre, con nuestro carácter, pero ahora somos incapaces de resolver de forma correcta  los problemas de la vida cotidiana.

Tenemos conflictos, sufrimos, tenemos emociones y sentimientos muy desagradables, queremos controlarnos con nuestros pensamientos…pero nada nos funciona.

 Vemos cómo una y otra vez estamos en situaciones donde surgen los mismos  sentimientos, los mismos conflictos, los mismos problemas. Respondemos a ellos con las mismas maneras, los mismos recursos, la misma estructura de carácter. Respondemos, con lógica, desde nuestro condicionamiento por las vivencias del pasado, pero sigue sin funcionarnos. Es la forma que ahora mismo tenemos y conocemos, pero está limitada.

Es normal que la persona así atrapada, después de intentar resolver por sí sola de todas las formas posibles, pida ayuda a través de una terapia.

 La terapia y la persona

 La terapia aspira a abrir esa coraza, esa estructura mental y corporal condicionada, es decir, es la tentativa de descondicionarnos a nosotros mismos.

Nos encontramos con un problema: Con esta coraza, con esta estructura llevamos funcionando toda nuestra vida. Está, ahora mismo, totalmente automatizada, inconsciente. Nos dirige la vida.

 La terapia aspira a experimentar el mundo de nuevo. Se requiere abrir la mente y el corazón, para salir de los condicionamientos. El cambio en el corazón sobreviene a través de una búsqueda en nuestra vida y de estar dispuestos a modificarnos. Supone renunciar al hábito de la autodefensa. Nuestra tarea como terapeutas radica en crear un espacio en donde la persona se sienta segura para acometer tal proceso de examen de sí misma y poder expresar todo lo que vaya apareciendo: vergüenza, culpa, miedo, ira, pena, desesperación…

 Observarnos para conocernos es crucial. Hemos de conocer cómo funciona nuestra mente, qué engaños tiene, qué deseos y rechazos tiene…para poder comprender por qué ahora no resolvemos las situaciones. Hemos de llevar a cabo el “conócete a ti mismo”.

El condicionamiento es capaz de revestir muchas formas. El propósito de la terapia es liberar la mente, permitiendo que abandone los estados condicionados. La persona aprende a reconocer estos procesos y cómo operan en su vida.

Se ayuda a la persona a ir más allá de donde ella por sí sola ha llegado. Juntos descubrimos nuevas posibilidades, que siempre existen, en la persona.

 Hay una capa de sufrimientos innecesarios emanados de nuestra actitud mental. Es donde la terapia tiene un papel y en donde es posible la liberación. Es importante distinguir entre lo que podemos y lo que no podemos hacer.

Se ayuda a la persona a que vea cómo una y otra vez se ve en situaciones donde surgen los mismos sentimientos, conflictos y problemas.

El objetivo de la terapia no es establecer un yo rígido y previsible. La meta es que la persona se torne fluida, flexible, espontánea y que reaccione de forma apropiada: que pase de lo estático al proceso.

 Una mente bien cuidada es como un jardín bien mantenido. Ha sido atendido y se ha hecho posible la germinación. En la terapia trabajamos para soltar los patrones negativos de conducta, contaminaciones mentales y obstáculos, embelleciendo así la vida con amor, misericordia y comprensión. El jardinero siempre está solícito y trabaja firme. Esta es la actitud necesaria del jardinero de la mente. Hemos de cuidar de nuestra mente, ya que es la base de nuestro ser. La terapia significa mejorar el terreno de la mente.

No hay que restar importancia a la tarea. No se consigue mucho con terapia fácil.

Eso es responsabilidad. Al principio, la persona desea que el terapeuta elimine la fuente del malestar, pero la  terapia se acelera cuando la persona toma sus propias riendas. Según vaya adquiriendo responsabilidad, aunque sea de forma elemental, el control natural sobre sí mismos crece.

 La persona no puede evitar los patrones negativos de conducta mientras no los vea surgir. No tanto buscamos un método para evitar los patrones como en dedicar energía a estudiarlos. Cuando los analice con atención, su manera de ser cambia por sí sola. Tal estudio se realiza durante las sesiones de terapia o por su propia cuenta. Aprenderá a vigilar los síntomas sin tratar de alterar su curso.

Cuando estudie los síntomas, desarrollará responsabilidad. Advertirá ocasiones en que los patrones no están presentes. Comenzará a notar qué síntomas surgen cuando llegan.

Se dará cuenta de otras emociones. Motivado para el cambio, una vez que desarrolle capacidad para la responsabilidad lo efectuará por sí mismo y sin ayuda el resto de la terapia. El conocimiento induce a un cambio natural. Así descubrirá de modo experimental la facultad que posee para el cambio y la calma interior. Eso le situará en una buena posición, no solo en esta crisis sino en su vida en general. Dejará de verse como víctima.

 Partimos del problema con que la persona llega. Ese problema que le ha detenido en su camino es la palanca para avanzar. Ayudamos a que cada uno halle su propio camino de regreso hacia el auténtico hogar de uno mismo. Se cura buscando la simplicidad originaria.

La persona acude a terapia porque a algo corriente de la vida no le hace frente y, cuando observamos, nos damos cuenta que se halla ocupado en una cuestión espiritual o existencial que es más fundamental. Comenta que cómo teniendo todo, se puede encontrar deprimida. O se pregunta por el sentido que tiene el seguir viviendo. Valoramos la dimensión espiritual de la existencia.

Vivir significa existir de un modo auténtico, es decir vivir a partir de las propias profundidades. En la terapia, el tiempo de esa hora de consulta, la persona hará todo lo posible por ser auténtica, de observar todo y de no censurar, de hallarse dispuesta a hacer frente y a explorar cuanto se presente. Se trata de un período de cultivo de “la mente que busca la verdad”. Esto es elemental.

 No siempre es terapia cómoda. Penetrando a través de la superficialidad, ayudamos a la persona a excavar hondo en su naturaleza ética íntima.

Pensamos que somos un solo ego unificado, pero la experiencia nos revela como víctimas de muchas historias. Un individuo que sonríe (cuerpo) mientras dice (expresión) que se siente angustiado (mente) parece inarmónico. La falta de armonía entre cuerpo y mente es uno de los indicadores más empleados en psicoterapia.

La terapia representa un proceso de llegar a apreciar la plena complejidad de la persona, aprendiendo de ella. La discordancia es simplemente superficial. La terapia no existe sólo para librarse de las incomodidades sino para experimentar la verdad profunda de la persona.

La historia de la persona es objeto de una atención repetida hasta que se produce un progreso en la identidad de la persona.

 Final de la terapia

 La terapia consiste en ayudar a la persona a retornar al estado que interiormente reconozca como su casa. Se trata del “hogar” dentro de nosotros: la armonización del espíritu. En la paz de la mente se incluye la armonía con el mundo y a través de esa armonía exterior podemos comprender la luz interior. Es comprendernos a nosotros mismos por nosotros mismos.

La tarea de la terapia estriba en reconectar a las personas con sus propias honduras, unas con otras y con el mundo.

La relación terapéutica proporciona uno de los lugares fuera de la familia, en donde una persona es capaz de ser aceptada tal como es.

Dependemos de nuestras relaciones. Las relaciones con otros y nuestras reacciones ante estos son el medio a través del cual aprendemos nuestras destrezas y actitudes.

 Una conciencia de interconexión con todo y con todos conduce a una ética de no dañar. Poseer un sentido de nuestro lugar en el orden más amplio de las cosas. La terapia significa restablecer tal sensación a través de la práctica de la compasión, del amor, del entendimiento y del contacto con lo que es natural.

La terapia representa una vía hacia la integridad espiritual, la integridad de uno mismo.